viernes, 7 de noviembre de 2008

La ONG de los críticos


Bogotá fue visitada por Lisbeth Rebollo, una de las siete presidentes mundiales de la Asociación Internacional de Críticos de Arte (AICA); dio una de las conferencias del ciclo de charlas “Crítica y contracrítica”.

Rebollo afirmó que la crítica de arte había cambiado de espacio y de actividad: de la prensa al museo, de la escritura a las exposiciones, de los argumentos a los indicadores de gestión, del crítico al montajista. Rebollo es a la vez directora del Museo de Arte Contemporáneo de la Universidad de São Paulo, de ahí su visión del museo como aula máxima de la sociedad: “El discurso sobre arte contemporáneo viene asumiendo importancia especial en sus museos y en otros espacios especializados en este arte (…). La exposición de arte, en este sentido, está convirtiéndose en el lugar, por excelencia, del discurso crítico”, concluyó.

La conferencia de la presidenta fue provocadora, generó crítica y contracrítica; corrió el rumor de que todo era una farsa en el que ella hace de astuta burócrata que salta de congreso en congreso, y que su escala en Bogotá fue por influencia de una profesora local, también miembro de la AICA, que devolvía atenciones por una invitación a São Paulo en el 2007. Pero fue tan real el papel que como único consuelo tocó pensar que la presidente estaba siendo irónica: su monólogo expresaba el reverso exacto de lo que en verdad decía. Y si movía sus manos, como enrollando una madeja, diciendo que en el Museo “ellos pensaban mucho la crítica”, o que la exposición Mujeres Artistas era prueba de ello, significaba que no pensaban la crítica, y su manoteo era el gesto falaz de una estatua que aparenta movimiento. A la presidenta de los críticos no parece importarle el sacrificio de su buen nombre ante el altar de la crítica: ¡Qué entrega!

La AICA es una ONG bajo el patronato de la Unesco y cuenta con más de 4.200 miembros repartidos en 62 secciones. Su página en internet, una cantera inmensa de ripios y gazapos (y de más crítica), es útil para todos aquellos grafómanos y comentaristas criollos ganosos de asistir a congresos y de obtener una credencial de la AICA que permite visitar gratis las ruinas de todos los museos del mundo… Sólo hay que escribirle un correo a la presidenta de los críticos en Colombia, Celia Sredni de Birbragher, y preguntar por los planes de suscripción (cbirbragher@artnexus.com).

La viveza común a estas latitudes ha logrado una proeza memorable, el anacrónico ejercicio de la crítica de arte tiene por fin un fin: el turismo cultural.