viernes, 19 de diciembre de 2008

Hacer y deshacer


La mayoría de los programas que se usan para hacer tareas en un computador tienen una acción llamada “deshacer” que permite eliminar las consecuencias del último acto que se ha hecho sobre un documento. En algunos programas esta acción se puede aplicar sucesivamente hasta retornar al estado virginal donde todo comenzó. La función de la acción deshacer es permitir que en el documento final no quede el menor rastro de error.

La inmediatez de este hacer y deshacer no da tiempo al hacedor de reconocer el poder del error: incapaz de superar los límites pragmáticos de la instrucción técnica se obsesiona con una idea fija que sólo concibe el paradigma de la perfección; esto, traducido al espacio académico y al aprendizaje del arte, explica por qué algunos estudiantes ante las demandas de la imaginación responden con la frase: “no sé qué hacer”.

Una manera de posicionar el arte en la universidad consiste en anteponer el pensar al hacer, ignorando que hacer es una de las maneras de pensar. Como consecuencia son muchos los estudiantes de arte que han adquirido la costumbre de pensar en exceso y de hacer poco; es como si se hubieran habituado solamente a leer, sin llegar nunca a pensar que ellos son lectores que escriben y no lectores que sólo leen al pie de la letra. Y entonces, para sustentar lo que hacen, no confían en lo que hacen sino en discursos grandilocuentes que ornamentan a partir de citas arrancadas a mordiscos de algún trozo del filósofo de moda. Esta manera mecánica de ver lo académico forma un estudiante más juicioso que inteligente, que asume lo creativo como la ejecución de una serie de acciones técnicas que ineludiblemente conducen a una respuesta: la obra de arte es la solución a una ecuación o la ilustración de una teoría. Este procedimiento puede ser útil para ciertas áreas o inclusive para ciertas obras, pero en general es poco afortunado. La más grave consecuencia de esta manera de razonar es que apenas el estudiante detecta una fisura en la “construcción teórica” que fundamenta su obra, el hacedor asume la paradoja como un error y ante el temor a equivocarse (o a sacar mala nota) comienza a deshacer hasta que termina por retornar al estado inicial donde todo empezó; lo que sigue es decir: “no sé qué hacer”.

El efecto deshacer excluye el error, excluir el error en el arte, como en la vida, es un error. Un estudiante de arte está en la universidad para cometer errores, no para pensar que puede deshacer lo que ni siquiera ha sido hecho.