viernes, 13 de febrero de 2009

Los fantasmas de Goya


El grabado “Tristes presentimientos de lo que ha de acontecer" de la serie “Los Desastres de la guerra” de Francisco de Goya, hurtado en Bogotá el pasado 11 de septiembre de 2008 de la fundación del político Gilberto Alzate Avendaño, fue encontrado 39 días después por la policía en el Hotel Torre Central, cerca a una zona de tolerancia, bajo la ropa de cama de la habitación 203, registrada a nombre de Milton García Méndez. El hombre salió a desayunar antes de llegar los investigadores. “Era alto, traía una gorra de color azul y tenía puestas unas gafas oscuras que no dejaban ver su cara. Sí la Policía llega unos 20 minutos antes, lo encuentran en la habitación. Él dijo que era turista, venía de Villavicencio y tenía 29 años de edad”, manifestó Helena Tucunubá, ama de llaves del hospedaje. Rodolfo Palomino, General de la Policía, atribuyó el hallazgo a lo divino: "Gracias a Dios y a la Virgen apareció el cuadrito". No se reportó captura y ningún falso positivo. La milagrosa aparición restauró el grabado al conjunto de copias que existe en el mundo (¿o será la aparición una resta y no una suma?). En la habitación había un morral, dos mudas de ropa y un libro titulado “Buscando la paz interior”.

En Madrid una de las estatuillas de los Premios Goya de cine fue robada; a las cinco de la mañana del 3 de febrero de 2009 fue sustraída del ropero de la fiesta de la película “Los crímenes de Oxford”. El afectado fue el director Jordi Solé, ganador en la categoría documental por “Bucarest. La memoria perdida”, un repaso a la lucha política de su padre, un Ministro de Cultura ahora enfermo de alzheimer. "Por favor, que es mío, tiene que estar por ahí", insistió Solé a la mujer que atendía, ella dijo que se lo dio a "un joven con gafas” que le dijo: “Dame mi abrigo y el Goya”. El ladrón apareció al día siguiente; arregló una cita con periodistas del periódico El Mundo, devolvió el premio y declaró: "Al llegar a casa de madrugada dejé el Goya encima de la estanteria. Cuando abrí los ojos por la mañana […] me di cuenta de que no había sido un sueño. Pensé en lo mal que se debía de sentir Albert Solé […] decidí que el asunto ya tenía que llegar a su fin". El anónimo ladrón dijo ser crítico de cine desempleado y justificó su gesto: “me gustaría llamar la atención sobre el sectarismo y el nepotismo que imperan en el cine […] es un mundo cerrado, de amiguismo, donde es imposible conseguir un trabajo si no tienes enchufe".

Ambos ladrones desaparecieron, son fantasmas de Goya, espanto de los que se parrandean la cultura.