viernes, 20 de febrero de 2009

La pendejada del arte


Los tiempos están cambiando, y no porque algún estadounidense de tez oscura prometa reglas claras, no: “Es la economía, estúpido”.

En arte un indicador de la situación económica es el grosor de la revista Art Forum. Esta biblia de la información, que llegó a marcar más de 500 páginas con anuncios de ropa de lujo y perfumes (además de ferias, exposiciones, inauguraciones, bienales y uno que otro texto inquietante), ha regresado a su volumen habitual luego de alcanzar dimensiones pantagruélicas. La publicación retorna a su delgada figura y de la gula cosmopolita que desayunaba arte en Nueva York, almorzaba en Shangái y cenaba en São Paulo tras un té en Basilea, volvió a su dieta de “manhattanismo” parroquial. Otra era de glamour ha terminado, el orgasmo de los piratas financieros —que usan el arte como viagra cultural— ha culminado.

Los colombianos que se ganan la vida con el arte tienen temor. El negocio es la negación del ocio y cuando la economía va mal, el arte es un lujo prescindible. Por fortuna, el Gobierno ha dicho que la “economía colombiana está blindada” y el país cuenta con un as bajo la manga que bien jugado permitirá a los actores del arte conservar algún decoro. Según el economista Roberto Steiner, en un estudio hecho hace más de 10 años, los ingresos a la economía colombiana por narcotráfico representaban anualmente cerca del tres por ciento del PIB, es decir unos US$2.500 millones. Salvatore Mancuso, un mercader de grueso (además de asesino) ha actualizado la estadística, a finales de 2008 afirmó: “Al torrente de la economía nacional ingresan anualmente alrededor de 7.000 millones de dólares”, y añadió que los narcotraficantes repatrian entre el 80 y 90 por ciento de lo que obtienen y que el resto lo gastan en comprar “propiedades de lujo y pendejadas por fuera”. Es ahí donde se juega la partida: artistas, galeristas, curadores, periodistas y gestores culturales deben convertirse en sastres del gusto de estos “inversionistas” y captar lo que gastan en “pendejadas” foráneas encauzándolo en un flujo monetario vinculado a la plástica nacional.

Es urgente que el gremio artístico apoye al gobierno de Uribe para rechazar cualquier iniciativa que abogue por la legalización de la droga, no sólo el negocio o la moral están en juego, también lo está el acervo cultural: sin el conflicto que genera el narcotráfico la ingente cantidad de artistas que vive de la violentología quedará sin tema y oficio, los catadores de tragedias, desempleados, no tendrán qué decir.