viernes, 27 de marzo de 2009

“Stand-by” (en espera)


Las obras de algunos artistas locales con ideas globales solo llegan a la cúspide en la bodega de un avión, en el tránsito entre su lugar de origen y un centro internacional de acopio.

En su país las obras son frontera lejana, incomprendidas, excepción; por fuera son mapa, referencia erudita, patrón. La obra de Danilo Dueñas y su última exposición en la Galería Casas Riegner parece cumplir con esta indeterminación.

En el primer piso hay un local en ruinas, obra de un demoledor ilustrado que practica el desatino controlado que sucede en toda instalación. Según una nota de cultura y entretenimiento su galerista decía: “[Él] no trae nada y a uno le da un ‘yeyo’”. La galerista, continúa el periodista,“ahora respira aliviada cuando ve su juego de iluminación de techo puesto en el piso, los zócalos a la vista y la pared rota.” En el segundo piso la cosa es a otro precio: hay cuadros, nada más.

Se ha vuelto hábito en esta galería que los artistas, tal vez poco a gusto con lo señorero del espacio, los guardaescobas, el piso lacado, la rosas de plástico o el publicitado cóctel de inauguración, destruyan el lugar (“deconstruyan” sería el eufemismo), asusten al burgués y griten, cual criollos, su independencia. Esta exposición continúa la tendencia.

“A Flight (Un Vuelo)” es un viaje del centro a la periferia o de lo “high” a lo “low”, de la estética del mugre a la alienación de vivir la propia destrucción como goce estético, pero no, esas frases suenan ampulosas para lo que ahí se ve: abajo, una instalación, arriba, una exposición tradicional de cosas que se pueden transportar y vender.

Pero lector, no se confunda, lo que Dueñas muestra en el segundo piso es excepcional, un ejercicio sinfónico bien logrado que no decae, concentración y agudeza, contemplación y placer; la obra madura de un artista que ha sido ignorado una y otra vez pues su obra “no parece hecha por un colombiano” y esta falta de color local no marca en el radar del exotismo global.

La exposición quedó atrapada por querer colmar todas las expectativas, la disputa entre la obra y el espacio de la galería hace demasiado ruido, aunque en el segundo piso, el recogimiento de las composiciones consigue la sosegada belleza de la indiferencia, sin inteligentadas, con inteligencia.

“A Flight (Un Vuelo)” quedó en “stand-by” (en espera), y no porque Dueñas no ofrezca lo mejor de sí, sino porque el mercado y la curaduría no saben aterrizar las cosas, tal vez esta crisis financiera sirva para aprender.