martes, 9 de junio de 2009

Una pintoresca proposición


Es un asunto melancólico para quienes pasean por nuestras ciudades ver las calles atestadas de locos en harapos, importunando por una limosna con lastimeros lloriqueos, haciendo amenazas implícitas a cada ciudadano o espantando al turista ocasional.

Creo que todos estamos de acuerdo en que el número prodigioso de indigentes resulta un perjuicio para el Estado, para la estética de nuestras urbes una mancha insufrible, y quienquiera que encontrase un método razonable, económico y fácil para hacer de ellos miembros útiles para la Patria, merecería tanto agradecimiento del público como para tener instalada su estatua como protector de la Nación.

Propondré ahora, por lo tanto, humildemente, mis propias reflexiones, que espero no se prestarán a la menor objeción.

Un administrador visitó recientemente el sur de la China y me aseguró que la región es el centro mundial de producción en masa de replicas de obras pictóricas; la sola ciudad de Dafen con menos de cuatro kilómetros cuadrados y 8000 trabajadores produce el 60% del total de las copias circulantes, la “MacDonalds del arte” la llaman. La paridera en el mundo es exponencial y todo nuevo hogar necesita algo de arte, el vacío en una pared resulta a la larga tan insoportable como el vacío en el estómago. Mi erudito interlocutor me ha asegurado que el esfuerzo de los artesanos chinos tiene poco que ver con la creatividad, está basado en la reproducción a escala industrial de obras famosas. Es ahí donde cuaja mi modesta proposición: construir una ciudad cerrada donde pongamos a todos los locos no a copiar obras de arte sino a crearlas: que pinten lo que les pase por la cabeza. El lugar contará con la dotación mínima y a cada indigente se le darán las herramientas básicas; obra a obra se les regulará una dosis precisa de droga capaz de mantenerlos en el estado de interés desinteresado que requiere la creación. He tenido la oportunidad de ver actuar a varios indigentes bajo efectos de alucinógenos y aseguro que no será necesaria instrucción alguna, el arte es cosa de locos y ellos ya lo están. Inclusive, una de mis hijas tiene relación con un estudiante de arte ingresado a una de las mejores universidades del país y encuentro bastante inferior lo producido por el “matriculado”, el estudiante tiende a un manierismo falsamente naif, el loco es auténtico. El administrador me ha comentado que esta empresa de “Arte bruto” tiene un gran futuro, con precios módicos cubriremos el nicho de pintura creativa descuidado por los chinos. Las condiciones sociales del país permiten un flujo constante de locos que sobrepasa la tasa de otras naciones y por el flujo de droga no hay problema.

Declaro, con toda la sinceridad de mi corazón, que no tengo el menor interés personal en esforzarme por promover esta obra necesaria, y que no me impulsa otro motivo que el bien público de mi patria, desarrollando nuestro comercio, cuidando en lo posible de los locos, aliviando al pobre y dando algún placer al rico.