miércoles, 23 de junio de 2010

La política, como siempre.


En la serie de televisión Los Años Maravillosos (que hace un recuento de la vida de un adolescente de clase media en un suburbio estadounidense, de 1968 a 1973), hay un capítulo que se llama “La política, como siempre” (“Politics as usual”).

Kevin Arnold, el protagonista, se pone celoso cuando Winnie, su novia, se involucra en la campaña de George McGovern, el candidato demócrata a la presidencia en las elecciones de 1972. Ambos han asistido a una reunión escolar y han oido, ella con juvenil entusiasmo, él con asombro y rivalidad, a un exestudiante que los visita para hacer proselitismo; el carismático líder enunciaba: “la política es una basura” y su candidato será “quien podrá acabar con esa basura”.

El candidado George McGovern ha sido considerado el candidato a la presidencia más izquierdoso y liberado de la historia norteamericana reciente. Sus opositores, para referirse a sus programas de reforma tributaria, derechos humanos y frontal rechazo a la guerra de Vietnam, le imputaron un lema apócrifo de campaña: “Amnistía, aborto y acido”.

La campaña de McGovern por su lenguaje y postura contestataria tuvo eco entre jóvenes, mujeres liberadas, intelectuales y artistas, tanto es así que el ubicuo Andy Warhol tomó partido e hizo una obra en serigrafía para ayudar al partido Demócrata que recogió US$40000 por su venta. Warhol decidió no retratar a McGovern sino a su oponente, Richard Nixon. Se trata de un retrato frontal de su cabeza hecho con colores disonantes y desfasados, una tez azul y verdosa y un parco letrero a mano que dice: “Vote McGovern”. Warhol, sin alterar la escala de la gran cabeza de Nixon, logró darle a su apariencia una presencia asustadora, ansiosa, ominosa, una sonrisa contenida que esconde el apetito voraz de un vampiro de la política, el retrato de un ambicioso que usó todos los medios, legales e ilegales, para coronar la presidencia de los Estados Unidos.

Al final del episodio de Los Años Maravillosos, en la sede de la campaña de McGovern, en una noche lluviosa, tras conocerse los resultados de la paliza que le dieron los Republicanos a los Demócratas, el carismático líder que ha convocado a Winnie le dice a la impúber electoral a manera de consuelo: “así es la política, además, sabíamos que no tenía oportunidad de ganar”. El activista profesional se despide y se aleja con una muchacha, se oye que le susurra: “Creo que Kennedy llegará en el 74, tal vez deberíamos llamarlo…”

Lo que sigue es la reflexión en off de Kevin, el adulto que recuerda, el recurso recurrente de todos Los Años Maravillosos, un hombre narra la tragicomedia de su vida adolescente y hace un contrapunto que va de la nostalgia a lo sardónico:

“El caso es que esas elecciones cambiaron la manera de ver la política de mi generación. No importa qué tan doloroso fue, descubrimos que podíamos ser parte del proceso, que podíamos creer. Aun ahora, 20 años después, a pesar de la evidencia de lo contrario, recuerdo esa noche y todavía puedo creer…”

El candidato McGovern quedó devastado luego de la campaña y la única herramienta que le sirvió para enfrentar su apabullante derrota fue el humor. Al año siguiente, en una conferencia, dijo: “Por muchos años quise hacer campaña por la presidencia de la peor manera posible, y el año pasado con seguridad lo logré”. Muchos atribuyen la amplía derrota de McGovern a su postura débil en relación a la guerra y a su compañero de fórmula, que resultó haber sufrido una enfermedad mental tratada con electrochoques en una fase de depresión clínica. McGovern se demoró en reaccionar a los ataques que le hicieron y aunque pasó a ser más agresivo y eligió a otro candidato a la vicepresidencia, la indecisión, como gesto, se fijó en su imagen.

En 1974 Richard Nixon renunció a la Presidencia de los Estados Unidos por el escándalo de Watergate, que comenzó con el arresto de cinco hombres por el allanamiento de la sede del Comité Demócrata Nacional en 1972, pero que a medida que se intensificaron las investigaciones, sobre todo en la prensa, el indicio se transformó en evidencia de que Nixon y su equipo de gobierno, para hacerse al control político de la nación y mantenerse en el poder, recurrieron a fraude, espionaje político, sabotaje, intrusiones ilegales, auditorías de impuestos falsas y chuzadas ilegales a gran escala, además dispusieron un fondo secreto en México para pagar a quienes realizaban estas operaciones. En 1977, en una entrevista con el periodista David Frost, una charla que prometía ser un ejercicio de rutina pero resultó ser un agudo cuestionario, Nixon intentó justificar sus desvaríos criminales y lanzó al aire su célebre: “Cuando el presidente lo hace, eso significa que no es ilegal”. La política, como siempre.

En Colombia transmitían Los Años Maravillosos todos los domingos en la noche. Por media hora la televisión se convertía en un oasis en medio del desasosiego de ver cómo otro fin de semana llegaba a su fin. Ver el capítulo de “La política, como siempre” puede surtir el mismo efecto paliativo en todos aquellos que se han visto derrotados en las elecciones y ahora deben regresar al lunes de la política como siempre:

“La política, como siempre” parte I
“La política, como siempre” parte II
“La política, como siempre” parte III

(publicado en La Silla Vacía)

jueves, 17 de junio de 2010

Retrato del artista apolítico


Ejercicio de anulación, la obra de Edwin Sánchez, es un video que repite lo mismo una y otra vez: un hombre reducido a su mínima expresión, sin piernas ni brazos, se expone en la vía pública. El hombre no gesticula, es inexpresivo, pero su mutismo casi infantil se compensa con una mochila abierta que le cuelga al cuello y que confirma que este bulto de humanidad es un buzón de limosna: una parte más de esa franquicia de tres centavos —y menudeos millonarios— donde el negocio consiste en suscitar la compasión humana.

En la calle, entre la multitud de gente que pasa, hay un hombre que lleva una caja mediana, se acerca al mendigo por detrás y lo encierra por completo en el rectángulo de cartón. La primera vez lo tapa y se va, llega un guardia y lo destapa. Dos veces más, una al atardecer y otra al medio día, el hombre aparece y cubre a su presa. La cuarta vez el hombre encierra al mendigo y se queda ahí, estático, sostiene con firmeza la caja, el temblor sutil de la cámara subrepticia se suma al de una lucha muda que se da al interior del cartón, finalmente el hombre se va, el inválido logra liberarse y mira a todos lados con desconcierto.

La quinta vez es la última: pasa lo mismo que en la cuarta pero ahora un guardia aparece con un perro y agarra al hombre con la caja, lo zarandea de lado a lado del andén, llega más gente, alguien sostiene el pedazo de cartón como evidencia; llega la ley, la cámara se mueve rastrera entre los pies y el suelo, registra el destino del provocador impenitente que se aleja de espalda escoltado por dos policías.

La acción del hombre con la caja es reprochable en lo moral, delictuosa en lo jurídico y peligrosa en lo físico: la salud del mendigo puede correr peligro, el pálpito de su corazón bombea demasiada sangre para un cuerpo tan reducido. Pero tanto insiste el artista en su acción de varios días que su acto termina por igualarse al de ese otro provocador que no aparece en el video: el que todos los días deja al inválido ahí.

Ejercicio de anulación
es un acto de resistencia, corta el juego impuesto de la compasión y la culpa, juega sin eufemismos en el mismo idioma de la “víctima”. La acción puede tener un valor pedagógico pero va más allá del paternalismo, la lástima o la admiración, y resulta difícil de capitalizar en términos políticos: su incorrección la hace apolítica, culpa contra culpa, nada más.

Hace un tiempo un artista amarró un perro en una galería para dejarlo morir, un rumor cuenta que el animal se fue, otro rumor dice que el perro murió. Lo extraño no es el arte desesperado del artista sino ¿por qué ningún espectador soltó al perro?, ¿porque era arte?, ¿o soltarlo habría sido tener que liberar a todos los perros de la humanidad? Culpa contra culpa, anulación.

El “ejercicio” de Edwin Sánchez tiene lugar en lo real, es violencia contra violencia, para “agarrar pueblo” hay que “agarrar pueblo”, y ser agarrado. El artista con esta versión pervertida de “cámara escondida”, con este doloroso “gag” de “También caerás”, abre en medio de la calle una auténtica grieta, intrincada y luminosa, de profunda de humanidad.

(publicado en Revista Arcadia #57)