jueves, 17 de junio de 2010

Retrato del artista apolítico


Ejercicio de anulación, la obra de Edwin Sánchez, es un video que repite lo mismo una y otra vez: un hombre reducido a su mínima expresión, sin piernas ni brazos, se expone en la vía pública. El hombre no gesticula, es inexpresivo, pero su mutismo casi infantil se compensa con una mochila abierta que le cuelga al cuello y que confirma que este bulto de humanidad es un buzón de limosna: una parte más de esa franquicia de tres centavos —y menudeos millonarios— donde el negocio consiste en suscitar la compasión humana.

En la calle, entre la multitud de gente que pasa, hay un hombre que lleva una caja mediana, se acerca al mendigo por detrás y lo encierra por completo en el rectángulo de cartón. La primera vez lo tapa y se va, llega un guardia y lo destapa. Dos veces más, una al atardecer y otra al medio día, el hombre aparece y cubre a su presa. La cuarta vez el hombre encierra al mendigo y se queda ahí, estático, sostiene con firmeza la caja, el temblor sutil de la cámara subrepticia se suma al de una lucha muda que se da al interior del cartón, finalmente el hombre se va, el inválido logra liberarse y mira a todos lados con desconcierto.

La quinta vez es la última: pasa lo mismo que en la cuarta pero ahora un guardia aparece con un perro y agarra al hombre con la caja, lo zarandea de lado a lado del andén, llega más gente, alguien sostiene el pedazo de cartón como evidencia; llega la ley, la cámara se mueve rastrera entre los pies y el suelo, registra el destino del provocador impenitente que se aleja de espalda escoltado por dos policías.

La acción del hombre con la caja es reprochable en lo moral, delictuosa en lo jurídico y peligrosa en lo físico: la salud del mendigo puede correr peligro, el pálpito de su corazón bombea demasiada sangre para un cuerpo tan reducido. Pero tanto insiste el artista en su acción de varios días que su acto termina por igualarse al de ese otro provocador que no aparece en el video: el que todos los días deja al inválido ahí.

Ejercicio de anulación
es un acto de resistencia, corta el juego impuesto de la compasión y la culpa, juega sin eufemismos en el mismo idioma de la “víctima”. La acción puede tener un valor pedagógico pero va más allá del paternalismo, la lástima o la admiración, y resulta difícil de capitalizar en términos políticos: su incorrección la hace apolítica, culpa contra culpa, nada más.

Hace un tiempo un artista amarró un perro en una galería para dejarlo morir, un rumor cuenta que el animal se fue, otro rumor dice que el perro murió. Lo extraño no es el arte desesperado del artista sino ¿por qué ningún espectador soltó al perro?, ¿porque era arte?, ¿o soltarlo habría sido tener que liberar a todos los perros de la humanidad? Culpa contra culpa, anulación.

El “ejercicio” de Edwin Sánchez tiene lugar en lo real, es violencia contra violencia, para “agarrar pueblo” hay que “agarrar pueblo”, y ser agarrado. El artista con esta versión pervertida de “cámara escondida”, con este doloroso “gag” de “También caerás”, abre en medio de la calle una auténtica grieta, intrincada y luminosa, de profunda de humanidad.

(publicado en Revista Arcadia #57)