lunes, 22 de octubre de 2012

Salón Tollota: arte en la universidad escuelera



El Salón Tollota fue una exposición que tuvo lugar el semestre pasado en un antiguo concesionario de carros. El espacio es equidistante a la Universidad de Los Andes y a la Universidad Jorge Tadeo Loza­no, propietaria de local. Esta exposición la organi­zó Paulo Licona, profesor de cátedra de am­bas universidades, que aprovechó su doble filiación para hacer un salón con trabajos de estudiantes de arte de ambos lugares.

La exposición juntaba sin distinción lo que venía de las dos universidades. Lo más visible era la paridad entre todas las obras de los estudiantes. Este resultado se ha visto en eventos similares. Basta recordar el Salón de Arte Bidimensional, o las muestras conjun­tas de Proyectos Finales de Grado de las Uni­versidad de los Andes o de la Universidad Nacional, o las muchas versiones del Salón de Arte Cámara. Poco importa si el expositor pasó por la Nacional, la Javeriana, la ASAB, El Bosque, Los Andes (o por espa­cios que no se considerarían “universitarios” como la Academia Guerrero), a pesar de tener programas distintos, profesores distintos, recursos distintos, costos distintos, y uno que otro profesor comparti­do —como es el caso del profesor Licona—, resulta imposible distinguir, al menos a un nivel expositivo, un programa de arte sobre otro programa de arte .



Esta circunstancia podría ser un factor a tener en cuenta al momento de diseñar las series de cursos que toma un estudiante cuando se inscribe en un programa de formación en arte.

Es toda una paradoja pensar en los grupos de profesores de cada universidad: cada uno diseñan­do mallas, redes y anzuelos curriculares; cada uno creando comités para conformar los comités que le harán frente a los comités de acreditación; cada uno dando álgidas discusiones en torno a la misión-visión de su nicho educativo y el perfil de “sus” estudiantes en las áreas de creación. Lo que muestran este tipo de eventos que sopesan el producto final de los programas de arte es que toda esa diferenciación se di­luye, y lo único que se pone en evidencia es el ejercicio terco de varias singularidades.



Al final lo que queda son los trabajos de unos estudiantes que se sobreponen o que sucumben a las limitaciones de un pensum; que se dejan y no se dejan contagiar por el falso estrés de ir corriendo de una clase a otra (y a otra y a otra y a otra y a otra); que entienden y que no entienden que muchas de las clases de “taller” solo tienen de “taller” el nombre, y que si quieren un ta­ller lo único que habría que hacer es alquilar uno para trabajar, para hacer y contemplar, un taller donde a veces puedan hablar con otros compañeros de taller; una situación que quizá resulta más enriquecedora que muchas de las clases de “taller”, y donde puedan tener el espacio físico y mental que los “talleres” de las universidades no ofrecen.

Tal vez por eso mismo es que lo que se hace en la universidad es cada vez más un trabajo de mochila, tal vez de ahí el auge de un arte portátil como el dibu­jo pequeño y la pieza precaria, efímera e intimista, tal vez de ahí el ejercicio de la labia para justificarlo todo verbalmente como forma de vomitar la indiges­tión conceptual que causa el menú del pensum.



Exposiciones como el Salón Tollota muestran que no se puede agenciar la franquicia del grado de arte de una sola manera y a un solo lugar.

El cambio en la escolaridad del arte en la univer­sidad depende de igual forma de los profesores y de los estudiantes de arte; pero los estudiantes pasan y se gradúan y muchos asumen el pregrado como otro bachillerato (y la maestría como un pregrado) y estarán tan escolarizados que no sabrán qué hacer con su libertad. Hace poco una clase de escultura de la Universidad de los Andes via­jó a una residencia en el Quindío para hacer un trabajo de campo que ya habían hecho otros grupos con buen provecho. En esta ocasión la gran mayoría de los estudiantes tomaron este viaje como el paseo a San Andrés del colegio: desaprovecharon la liber­tad, el espacio, el tiempo, los maestros. Perdieron la práctica, perdieron la oportunidad.

Y en cuanto a los profesores, los hay de cátedra y de planta, dedicados y con rutinaria dedicación, buenos, regulares y malos, algunos propondrán reformas de pregrado y maestrías con la promesa ilusoria de que ahí todo va a cambiar, documentos plagados de Ranciere, Foucault, Deleuze, Dewey, Freire, Zuleta y palabras como “autonomía”, “crí­tica”, “desarrollo”, “creatividad”, “interdisciplina­riedad”, “intermedialidad”. Reformas hechas se­sudamente sobre un excel, o con rapidez sobre una servilleta, que luego serán probadas y disciplinadas en la práctica, ante la realidad de la clase, en el día a día, en las jerarquías, en los tiempos, en la evalua­ción, en la acreditación, y un largo etcétera.



La escolaridad asegura que un curso adquiera forma de clase, bien sea para dictar o para tomar una materia, y la seguridad con que se invocan au­toridades en la bibliografía y se aquilatan logros en los criterios de evaluación dan la apariencia de que ahí se está impartiendo una educación. Orde­nar palabras y frases en líneas a manera de poema no garantiza que ahí va a habitar la poesía, de igual manera, hacer un pensum de arte no garantiza que en ese lugar se aloje el arte, tal vez lo único que ex­pone este sistema educativo es un olvido general, una pregunta que, planteada desde la soledad para­dójica del lenguaje, es compartida pero ignorada a nivel público por todos: ¿cómo es que realmente cada uno, a nivel in­dividual, aprende arte?

El Salón Tollota no pertene­ció a un curso, fue solo una acción decidida que partió de un experi­mento de un profesor de cátedra de dos universidades, que aprovechó el interés que vio en cada lado para generar esta experiencia. Tal vez eso es lo que necesita un programa de arte: menos cla­ses, más experiencias, menos universidad, más vida universitaria. Es más, la ciudad y el mundo virtual están cada día más llenos de experiencias: la “uni­versidad de la vida” ofrece de forma gratuita, o por precios módicos, exposiciones y conferencias, cur­sos y residencias, lecturas y cosas por ver, un arte que los estudiantes pocas veces podrán disfrutar porque están semestralizados y muy ocupados asis­tiendo y haciendo las tareas de sus “clases de arte” ¿Será necesario el diploma de arte para ejercer?
Por lo visto, el Salón Tollota dejó muchas inquie­tudes. A final de este semestre el evento se repite, ¿se repetirá todo lo demás?



(Publicado en González #225. Imágenes tomadas de Don Don Alirio)

miércoles, 10 de octubre de 2012

La fábula de ArtBo: arte en la feria del poder

“Cuando los banqueros se juntan para cenar, discuten sobre arte. Cuando los artistas se juntan para cenar, discuten sobre dinero”
—Oscar Wilde


1. Las reglas del juego

Hace poco Julio Sánchez Cristo le dedicó más de 40 minutos seguidos de su programa radial al mundo del arte. El motivo: Artbo, la feria de arte de Bogotá organizada por la Cámara de Comercio. Un posible “conflicto de interés” ocasionó que una galería se retirara del evento comercial y que uno de sus artistas quedara vetado para exponer en una sala de proyectos. El conflicto se debió a que uno de los dueños de la galería en cuestión, Nueveochenta, es el expresidente Cesar Gaviria, coleccionista y además padre de la actual directora de Artbo, María Paz Gaviría, historiadora del arte, nobel coleccionista y visitante de ferias.

En la W, Julio Sánchez Cristo no estuvo al aire ni con Gaviria padre ni con Gaviria hija, el plato fuerte de la mañana fue la que sí lo atendió al aire, Consuelo Caldas, directora de la Cámara de Comercio. En la entrevista Sánchez Cristo ejerció con ladina gentileza sus artes de matoneo periodístico y quedó claro que sobre este asunto hay dos versiones encontradas.

Una versión es la de Caldas que afirmó que Gaviria al no ser abogada actuó de “buena fe” pero interpretó mal la información jurídica que le fue suministrada antes de firmar el contrato con la Cámara de Comercio (solo le faltó a Caldas comparar la comprensión de lectura de Gaviria con la de su hermano el político liberal “Simón el vivito”).

Y otra versión es la de Gaviria, que contradice la de Caldas, y afirma en una carta que el equipo de la Cámara de Comercio llegó a la “a la conclusión de la inexistencia de causales de inhabilidades o conflictos de intereses que impidieran mi vinculación”, y que este concepto también “fue revisado por la Oficina Jurídica de la Presidencia de la Republica” (al parecer los hijos de los expresidentes gozan de servicio de consultorio jurídico en palacio).

Pero esta variante jurídica sobre el “conflicto de interés” parece ser solo un tecnicismo, un problema de marquetería, algo ajeno a como se manejan las cosas en el mundo del arte donde solo parece haber una regla: no hay reglas.

Prueba de esto es la misma Galería Nueveochenta que fue fundada en el año 2007 pero ese mismo año participó en la tercera versión de Artbo. El reglamento de la feria establece que solo pueden participar galerías con más de tres años de operación. En ese momento hubo un entendimiento laxo sobre lo podía significar “operación”, algo se habló en los corrillos de la feria pero nadie a nivel oficial trajo a colación un “conflicto de interés” o pontificó sobre el “código de ética”: ni el comité de selección de la feria, donde tienen parte algunos galeristas, ni la directora de Artbo de esa época, Andrea Walker, ni la directora de la Cámara de Comercio de ese entonces, María Fernanda Campo (actual Ministra de Educación), dijeron esta boca es mía.

¿Por qué antes no hubo problema alguno con Nueveochenta y ahora sí?



2. La cabeza de la feria

La polémica actual de Artbo no es un asunto jurídico: es un juego de poder. Polémicas siempre han existido en Artbo, un caso cercano al de Nueveochenta se dio en el año 2007 cuando el comité de selección de Artbo no le puso peros al ingreso de algunas galerías de dudosa proveniencia, como la Galería Montealegre, y sí le pidió a la Galería Arte Consultores que reconsiderará su selección de artistas.

Arte Consultores se negó a reformular su propuesta, se retiró de la feria y, dadas las conexiones sociales de su propietaria, la noticia alcanzó cierto vuelo mediático (incluso estuvo al aire en La W). A esto se sumó una feria paralela llamada La Otra, liderada por el galerista Jairo Valenzuela, que había tenido problemas por sus críticas a la Cámara de Comercio y montó en respuesta un evento paralelo en una imprenta abandonada del Barrio La Macarena.

El hambre se juntó con las ganas de comer y La Otra recibió un apoyo publicitario inusitado: la emisora La W mostró su empatía con la causa de Arte Consultores, por defecto se solidarizó con La Otra, e incluso no vio “conflicto de interés” al abogar por una causa afín al interés de uno de sus más cercanos colaboradores. Alberto Casas, acompañante de Sánchez Cristo en la emisora, es uno de los dueños de Casas Reigner, una galería que ese año le puso una vela a dios y otra al diablo y participó en la feria oficial y en la muestra alternativa. Tal vez por evitar aquello del “conflicto de interés” es que el Doctor Casas se abstuvo de participar en el interrogatorio que le hizo La W en su encerrona a la Doctora Caldas.

Y volviendo a la “polémica”, a la entrevista, La W le reservó a la respingada Doctora Caldas la picana radial para el final del embate periodístico, ahí Sánchez Cristo la puso a padecer:

“J.S.C: Mire Doña Consuelo, es que usted se va por las ramas, ¡Créame! ¡Tengo la información y me ratifico en ella! Usted dijo que para esa carátula de esa revista tenía que aparecer usted y María Elvira Quintana, por la razón que sea, pero usted lo dijo. La revista dijo, no nos interesa, solo queremos a María Paz Gaviria, no vamos a hacer una caratula con tres señoras. ¡No! Usted esta diciendo un poco dando la razón. Hay unas directrices en la Cámara, que hay una vocería. ¡Listo! ¡Listo! Si esa es la explicación, pues ahí está la respuesta, pero usted no permitió que María Paz Gaviria saliera sola si no salía con usted y con la señora Quintana.

C.C.: La feria, Julio, la maneja un equipo,  y el equipo es ese, entonces tenía que presentarse el equipo cuando llegara la feria…

J.S.C: Entonces se da cuenta Doña Consuelo que comenzamos a ponernos de acuerdo. La primera respuesta que usted me dio es que yo no estaba diciendo la verdad. Usted esta ahora confirmando: somos un equipo y hay que presentar al equipo y eso no se hace Doña Consuelo, no se hace, porque un medio de comunicación es libre de hacerle un homenaje a una feria en la cabeza de la feria…”



3. Modernas contra contemporáneas

La “señora Quintana” a la que se refieren es la persona que estaba por encima del cargo de María Paz Gaviria en Artbo y, bajo la nueva estructura de la nomina, formulada durante el mandato Caldas, Quintana era la cabeza de la “cabeza de la feria”. El cargo de Quintana es “Gerente de Relaciones Institucionales y Programa Cultural de la Cámara de Comercio de Bogotá”.  Este “conflicto de interés” no era algo nuevo y ya había sido señalado tiempo atrás por Dominique Rodríguez, en un artículo en Arcadia, que comentaba sobre el veto a Gaviria para aparecer en la prensa: “es extraño que a tres meses de su inauguración la cabeza de todo un engranaje comercial y de relaciones públicas no esté autorizada a dar entrevistas.”

Quintana está muy familiarizada con el mundo del arte: fue esposa de Fernando Botero Zea, es hermana de los propietarios de la mítica Galería Quintana que ocupaba dos lotes en la calle 86 con carrera 11, tenía sedes en Miami y Madrid y cerró a finales de los años noventa justo cuando arreció la lucha contra el narcotráfico y el mercado del arte entró en crisis. Quintana trabajó como Directora de Asuntos Culturales del Ministerio de Relaciones Exteriores, además, en las pasadas elecciones legislativas fue candidata a la Cámara por el Partido de la U y salió quemada (su lema de campaña era "porque retroceder no es una opción"). Así las cosas, ¿será que las tres, Caldas, Quintana y Gaviria, son solo unas señoras del arte que entraron en conflicto por salir en una foto?

Pensar que solo se trata de una pelea por mojar prensa puede ser superficial, pero si se mira la relación que tienen las élites con el arte, su regateo al momento de comprar y su pavoneo al momento de exhibirse, este indicio tiene algo de verdad, después de todo, “vanidad de vanidades, todo es vanidad” y la feria de Artbo, además de mostrar más de 400 piezas, es una gran pasarela que destaca en todas las secciones de “sociales” y se convierte en un largo y ancho cóctel de inauguración de 4 días visitado por más de 25.000 visitantes. Si “el arte es la vida sexual del dinero”, como dice el crítico de arte Peter Schjeldahl, la feria de arte es la más pública de sus bacanales

Sin embargo, cabría preguntar lo que no preguntó La W: ¿qué intereses tiene Quintana en la feria? ¿Habrá en Artbo una lucha generacional por el poder entre unas señoras uribistas y una niña liberal, ilustrada e ilustrísima? ¿Será todo esto una pelea entre galerías con un pie en lo moderno —alineadas con Quintana— y otras con ambas patas en la franquicia del “arte contemporáneo” —cercanas, muy cercanas, al interés de los Gaviria—?



Una foto de un nota de “jet-set” parece dar cuenta de esta situación. Fue tomada antes de que La W activara el show mediático de la “polémica”. En ella aparecen Caldas, Quintana más alto y Gaviria abajo como una cenicienta acompañada por sus dos hermanastras. Cerca a las “tres señoras” de Artbo están los directores de tres galerías: Arte Consultores (por supuesto, luego del chasco con la pasada dirección en el 2007), El Museo y la Cometa. Estos espacios, sobre todo los dos últimos, tienen un perfil similar al que tenía la Galería Quintana en su tiempo: además de exponer “arte contemporáneo” manejan con propiedad y en grandes cifras el flujo del mercado secundario (Boteros, Graus, Obregones et al). Es diciente que en esta foto estén ausentes los representantes de la Galería Nueveochenta y de la Galería Casas Riegner. Los tres galeristas restantes, que aparecen relegados en segundo plano y atrás, tienen espacios con perfiles algo diferentes al de las galerías “tipo quintana”.



4. El revolcón

El noticiero CM&, cercano al Partido Liberal, ha servido como caja de resonancia para dar a conocer la conclusión del caso Artbo y darle cierre a la noticia que comenzaron a cocinar sus colegas de La W. Ahí, en la sección “1, 2 y 3”, mezcla de show de burlesque con periodismo, las señoritas que muestran sus dedos como indicio de que saben contar, encabezaron una nota titulada Dos noticias bomba en la Cámara de Comercio:

“La junta directiva de la cámara se reunió este miércoles 2 de octubre y acordó: 1. Confirmar que María Paz Gaviria tiene, como directora de ArtBO, respaldo y apoyo total de la junta directiva de la cámara. 2. Reclamar a la administración de la cámara, encarnada en su presidenta, doña Consuelo Caldas, y recriminarle por haber actuado no solo equivocadamente, sino sin autorización de la junta y, lo que es peor, sin ningún tipo de consulta a la misma junta. «Nos enteramos de los errores de la presidencia por las denuncias de los medios de comunicación», dijeron miembros de la junta. Tirón de orejas a doña Consuelo, en la junta. Y advertencia perentoria: «Esto no puede volver a pasar». Y para que no vuelva a pasar, se decidió el revolcón. ArtBO será en adelante una filial de la cámara, con junta directiva propia, gerencia propia, dirección propia y presupuesto propio. Los errores, al ser enmendados, muchas veces conducen a buenas decisiones.”

En otra emisión, las mismas comadres coquetonas habían hecho una nota con la misma agenda y daban cuenta de algo fundamental para comprender la dimensión política de este asunto: “una delegación de la Cámara de Comercio, encabezada por Enrique Vargas Lleras y el presidente de Fenalco, Guillermo Botero, visitaron al expresidente y le pidieron reconsiderar su decisión. Gaviria mantuvo su determinación y su galería no va a la feria.”

En otras palabras, el expresidente Gaviria fue visitado por los dos representantes del poder en la junta directiva de la Cámara de Comercio: por el lado de los “políticos” fue Vargas Lleras y por el lado de los “comerciantes” asistió Botero.

En un artículo titulado Lo que hay detrás de la pelea por la junta directiva de la Cámara de Comercio, Juan Esteban Lewin de La Silla Vacía da cuenta de pugnas intestinas de poder entre las dos facciones y señala que en algo ha contribuido la actual presidente ejecutiva, Consuelo Caldas, a bajarle tensión a la situación haciendo que “la mayoría de las decisiones se tomen por unanimidad”. Pero La Silla Vacía afirma que estos embates se recrudecen “cuando hay elecciones de mesas directivas de la junta y cuando se votan por las juntas directivas de las filiales de la Cámara  —es decir, cuando se reparte internamente el poder.” Ahora, con el “tirón de orejas” que le hizo la junta directiva a Caldas, que llegó al cargo luego de ser tesorera del Partido de la U, la directora deberá ser más flexible y, tras la paliza mediática que le dieron a tan encumbrada y bien asalariada dama, su primera prueba de docilidad es elocuente: el “revolcón” de Artbo.

El maridaje entre arte y política propiciado por la actuación de un expresidente galerista pone en evidencia una pugna entres personajes del mundo del arte criollo por tener ascendencia en el control de esta feria de arte. Pero el apoyo y solidaridad despertados a raíz de una situación arbitraria, incluso la supuesta "indignación en el medio artístico nacional" que generó la exclusión de una galería o el veto a un artista, se transformaron pronto en una jugada a tres bandas que parece haberle traído a algunos, incluidos los Gaviria, grandes beneficios. El arte solo ha sido el caballito de batalla, un “bobo útil” en un combate político de largo aliento. Por algo Jasper Johns, un artista muy cotizado, decía: “Los artistas son la élite de la servidumbre”.



5. El nuevo traje del emperador

Luego de la tormenta mediática, las ventajas para algunos son dicientes:

Gaviria hija se quitó de encima a las doctoras Caldas y Quintana y con un “presupuesto propio” Artbo tendrá autonomía para funcionar bajo las “reglas” del mundo del arte. Con ella a la cabeza gana la fórmula "academia, galería, bienal, feria, colección, empresa, museo, institución = arte contemporáneo".

Ganaron Gaviría padre y Gaviría hijo. Su partido, el Liberal, aliado con Cambio Radical, tiene a un Varguitas dentro de la junta directiva de la Cámara de Comercio y junto a otros “políticos” de la onda de la Unidad Nacional velaran por sus intereses; dado el caso, presionarán mediáticamente a la debilitada Caldas para que su uribismo no se interponga en los casos donde la “unanimidad” no sea conveniente. Se prepara el terreno para que la Cámara de Comercio apoye a un candidato liberal para la Alcaldía de Bogotá, ¿será un delfín?

Por último, vuelve y gana Gaviria padre. Su galería, con la dignidad de “autoexcluirse” de la feria, fue promocionada en está “polémica” como una de las “dos más famosas del América Latina” y el expresidente coleccionista seguro mantendrá los dos eventos que más lo destacan en la semana de Artbo: una fiesta muy concurrida y un ágape exclusivo.

Toda una lección de “real-politik”.

La fábula de Artbo muestra los patrones, piezas y costuras del mundo del arte, su conclusión es semejante a la escena final del relato de un famoso fabulista: el emperador está desnudo*.



* “Los estafadores hicieron como que le ayudaban a ponerse la inexistente prenda y el emperador salió con ella en un desfile sin admitir que era demasiado inepto o estúpido como para poder verla. Toda la gente del pueblo alabó enfáticamente el traje temerosos de que sus vecinos se dieran cuenta de que no podían verlo, hasta que un niño dijo: «¡Pero si va desnudo!». La gente empezó a cuchichear la frase hasta que toda la multitud gritó que el emperador iba desnudo. El emperador lo escuchó y supo que tenían razón, pero levantó la cabeza y terminó el desfile.”
—El nuevo traje del emperador
Hans Christian Andersen